sábado, 6 de noviembre de 2010

CAPITULO 6: Tan diferentes, y tan parecidos.

Capítulo 6. Tan diferentes, y tan parecidos.

Katheryn Morales






¿Y bien? – dijo el cuando entramos mientras colgábamos los abrigos y dejaba las llaves sobre la repisa.


Admito que pensé que tardaría en repicar más de lo que lo hizo. Después de salir del trabaje, pensé, que aun al final del día no me diría nada aun. Pero al parecer estaba equivocada.


-¿Bien que?


Su voz era más seca y molesta


-¿Qué tal tu día? – por favor, estaba perdiendo cierta exepción del espacio entre nosotros que lo calificaba.

-Diría que al fin, un día excitante. – sonreí para mi (si claro).

-Excitante… - dijo el lanzándose al mueble después. - ¿Algo en especial?

-¿No tienes que salir hoy con alguien?

-Supongo que puedo cancelar… - dijo sin más. Aprovechaba que no me viera el rostro para celebrar mi malvado plan. El cual, había funcionado mejor de lo que hubiera esperado.

-¿Cuál es el problema? Hoy no abra nada interesante. Puedes irte. – trate de mostrarle indiferencia.

-La verdad, es que creo que no hemos hablado en mucho y pensé en compartir – “Sientes amenazado el terreno cariño, eso sucede”. Dije a mis adentros.

-¿De verdad? Porque casi no lo e notado, digo como estoy acostumbrada a tus cosas, prefiero que te diviertas con quien quieras, pero, en lo que a mi concierne, no pasare el limite a tu país. Si me disculpas…


Antes de mover un pie el estaba allí, plantado en media puerta sin permitirme pasar, apoyado en el marco y con la cara a centímetros de la mía, como si tuviera allí varios minutos hablando en vez de un momento años luz.


-¿Lo haces a propósito no es verdad? – su aliento me rozaba el rostro.

El alumno superaba al maestro, aprendió la mayoría de los trucos, y los perfecciono, al punto de poder seducir incluso a mi, si no fuera por mis años de experiencia con vampiros lo hubiera logrado. Teníamos tanto tiempo sin siquiera rozarnos sin querer al pasar, y medio tocarnos, absolutamente nada tantos meses. ¿Porque ese instante fue como si a ambos nos colocaran sobre un tostador? El lo sabia, y yo lo sentía en su cuerpo. Pero parecía inmutable, quieto y serio.

-¿A ver, que rayos te pasa? – exigí saber

-Eso pregunto yo…

-¿Qué? – creí que me quedaría sin aire, fue un golpe bajo y sucio, el era quien salía con quien le daba la gana y a la primera señal de que alguien me miraba y realmente era una amenaza para él, entonces se comenzaba a preocupar por mi. Porque otro le ganara el puesto.

-No lo se, te vi tan divertida con él…

-¿Damián?

-¡Hay que dicha! – hablo con voz de mujer. – Exacto. – afilo la mirada.

-¿Chupaste un perro rabioso por casualidad? Porque estas algo mal, en serio. Es un muchacho.

-Un muchacho que te gusta, y mucho Vanessa, ¿no fuiste tu la que me dijo que tuviera cuidado?

-Si porque se nota que has tenido tanto… - le mire a los ojos acercándome más. - ¿A ti que te importa? No se ni con quien estas en la semana, porque todas dicen estar contigo, ese muchacho, apenas lo vi hoy, y no lo niego, me encanto… si te importa a mis pepinos, si no te e importado sola, ahora trágate las acidas, porque no estoy puesta para ver como piensas que me derrito por ti esperando encontrarme después de hacer tus estupideces. ¿Entendiste? Haré entonces, lo que me plazca…. No tengo obligación con nadie. Y aunque la tuviera, tú me enseñaste esto, puedo disfrutar de mí y de los demás.

-Era un vampiro, lo sabes. – el parecía estar herido.

-Si, por lo menos un peldaño mas arriba que tu querido. Es antiguo.

-No puedes defenderte con el como lo harías con un humano fácilmente Vanessa.

-Nadie dijo que me iba a defender.


Sus ojos ardían en llamas.

-Escúpelo… Vanessa… - esta vez quise ir más lejos y quise hacerlo estallar del odio y la rabia que acumule de sentirme despreciada por el cuando sus ojos me prometían amor. Pero luego hacia las suyas.

-Cariño. – me acerque tanto como para hacerle creer que le besaría – Que si puedo, y funciona planeo más que defenderme de él, y digamos que estas son las bondades de encontrar un vampiro como el de pareja…. – le mire a los ojos.- Es muy íntimo de explicar. Puede que veas las marcas algún día si me quedan – me aleje de golpe. -Ahora si me disculpas puedes largarte, no tengo ninguna intención de pasar tiempo de calidad contigo.

Cada palabra me quemaba la garganta, y me tiraba el alma al subsuelo, veía el dolor en sus ojos, pero jamás pensó en mí tampoco, ya no tenía porque pensar en él. Ahora, que después de todos estos meses, decidía mirar algo más que al pequeño creciendo y respondiendo bien como vampiro, después de pasar noches esperando a que llegara a media madrugada sin saber si había sido estacado o no, porque casualmente nunca llevaba un celular a sus salidas. No, ahora no, ahora era yo. Ahora debía recuperar mi propia manera de vivir, donde solo volviera a ser mi independencia de él lo que me dejará vivir.


-Como tú… quieras. – separo su cara de la mía y fue directamente al perchero, tomo el abrigo y tiro la puerta tras él. Entonces me permití mirarle caminando bajo la noche.

Esa noche, no volvió, hice mil cosas para calmarme, esperaba que volviera cuando como otros días cuando comenzara a sentir la soledad y el aparecía milagrosamente, pero ese día no paso. Lo lance a los brazos de quien sabe quien, aunque no era algo que no habia hecho antes, era asqueroso tener que oir los pensamientos (casi gritos) de las que comentaban como habían pasado una noche inolvidable… pero esta vez fue por mi, si el era estúpido cuerdo, con rabia no quería imaginarme como podría llegar a ser.

Al otro día al levantarme, el aun no había llegado, era estúpido pensar que por arte de magia estaría allí, la mayoría del tiempo estuve pendiente de todos los sonidos. Nunca oí nada. Solo el silencio taladrante. Busque en su cuarto, el no había llegado. Paso la noche afuera. Si hubiera podido llorar lo hubiera hecho, solo me deje caer en el marco de la puerta de su cuarto y agradecí que no estuviera allí para verme así de mal, tape con mis manos la cara, imaginarlo en brazos de otra, solo por rabia… no… nunca lo hubiera dejado caer tan bajo.

Me arregle lo mejor que pude, no tenia ánimos para nada, cuando llegue al trabajo, allí estaba él. Iba llegando a tomar su turno, no lo quise mirar cuando pasó delante de mí. Ese día por mucho fue, el más doloroso, no sabia que pensar, quería preguntarle a Drake si sabia algo, me miraba todo el tiempo, pero no quise adentrar más en lo que me podía terminarme de matar. Solo unas pocas horas más, podría irme sola a almorzar, retirarme, la soledad que tanto odie, la necesitaba, necesitaba recordar como era defenderme, cerrarme ante un sentimiento.

-Buenos días

“ Ese acento.”

-Buenos días – trate de dar una sonrisa, de las mejores.Sus ojos estaban más impresionantes que nunca.


Sin mencionar lo atractivo. Y... que olor.



-No parecen ser buenos para ti, ¿Podría preguntar que ocurrió?- dijo él.

-No es nada, creo que, algunos, parecemos invencibles pero no lo somos.

-Supongo que alguien te ha lastimado.


No quise decir nada.


-No puedo concebir, un hombre que haga hacer sentir mal a una joven como tu. Lo digo con toda la sinceridad.

-Gracias.- dije por cortesía.

-¿Es el cargador? –



Ok... ¿Qué? ¿Soy tan obvia? En serio, ¡lo dudo! En privado puedo gemir, pero se que no demuestro nada públicamente.




-¿Qué? – pregunté.

-Ayer, su reacción. Es nuevo, es vampiro y muy obvio en sus reacciones. Y lo amas. – trague. Esa palabra no era lo que esperaba admitir pronto, no importa cuanto tiempo hubiera pasado ya. – disculpa no es algo que me importe. Disculpa que me meta. Pero, si de lago te sirve, el regalo le encanto a mi padre, vine a felicitarte, agradecerte, buscar el otro regalo y… probablemente, si lo deseas, invitarte a comer. ¿Te gustaría la idea?

Ya que importaba.

-Claro… ¿Qué regalo deseas ahora?

-Un barco. Esos de botellas, les encantan, lo tendré guardado para la próxima semana, que es su cumpleaños numero 1000.

-Bien ven a elegirlo.


Estuve tan ida, que me di cuenta de dos cosas, una: Que no sabia era lo que le había vendido a Damián exactamente, y dos: que no sabia como tampoco, había aceptado la invitación para ir a almorzar con el.

El lugar era muy hermoso, y bien decorado, era exquisito, las mesas estaban forradas por el mas exquisito bordado que hubiera conocido, un plato aquí te hubiera dolido por un ojo de la cara, y mas porque no lo podíamos saborear bien. Ni yo pagaría por uno.

-Gracias por aceptar… no se que te sucede, pero después de la sonrisa de ayer, estas muy mal. Y siento en parte que tuve algo de culpa.

-Al contrario, Discúlpame yo, no debí aceptar la invitación pero.

-Vamos sabes que para nosotros el tiempo y el precio son las dos cosas que no importa. –sonreí.

-Lo se.

-¿Lo amas?

-Por supuesto. – OK ¿Qué había dicho? – yo disculpa es que estoy algo distraída.

-Tranquila – alzo la palma. – estoy al tanto, se nota con solo tener que mirarlos.

-Dudo que pase a mayores estoy muy vieja para esto, así que…

-Comprendo…

“No, créeme que no comprendes”. Dije para mí. ¿La comida?, ni se a que sabia, Yo solo quería volver a la tienda. Y si las dos cosas anteriores que no note, no fueron suficientes, la tercera me noqueo. Había aceptado ir a la cena por el cumpleaños 1000 de su padre. El domingo de la próxima semana.

Antes de volver a la tienda decidí pasar por el bosque, me adentre lo más profundo que pude, y busque alimento, tenia que saciar por completo el hambre, la sed, no era suficiente para ponerle fin al dolor, pero definitivamente, si algo me dejaba en la boca, era el sabor de quien era, o de quien fui antes de todo esto.

Hace mucho que debí haberle dicho que se fuera, pero siendo realistas, el no poseía mucho, apenas y si había logrado salir de la miseria en que vivía. El a pesar de lo idiota y burro que podía ser, merecía un techo donde dormir, y por mucho tiempo el se acostumbro a ello. Mi casa, nuestra… Dios quería luchar contra aquel pensamiento.
Alcance a tomar unas tres ardillas, y las escondí después, definitivamente, las sensaciones estaban volviendo a mi cuerpo. Cuando iba saliendo del bosque allí estaba el parado, en la entrada. El estomago me dio un vuelco y por culpa de la sangre que acababa de ingerir estaba sonrojándome.

-Hola- dijo él.

-Hola…

-Yo… venia de paso, tenía hambre…

-Sabias que estaría aquí.- le acuse.

El rastreaba como nadie mi olor. Sonrió dulcemente, el era mi perdición, el hacia que perdiera todo, la razón, los estribos, y la conciencia.

Ahora lo admitía.


-Si, lo sabía. –comenzó a andar a pasos vagos con las manos en los bolsillos hacia adentro. – yo, también tenia algo de sed, y pensé en aprovechar y comer algo, ¿quieres acompañarme? – pregunto esta vez deteniéndose delante de mi. Aunque su mano no me acaricio el rostro, sus ojos sí. Dios… lo conocía tan bien.

Quise negarme, pero si ya definitivamente el debía decir algo, era mejor ahora, y acabar con esto, debíamos ponerle stop a la cuestión.


-Claro…

Nos adentramos cada vez más a las ramas retorcidas dentro del mismo bosque, acostumbramos a cazar donde ningún humano pudiera entrar, y en caso de que lo hiciera con poca seguridad saldría vivo del lugar. El parecía querer hablar, entonces tomo un ave y comenzó a succionarla. Cavo un oyó y la guardo. Sonreí, el se acordaba a la perfección de lo que le enseñaba. Me senté en la raíz de un tronco esperando a que el terminara, lastima un avecilla término en mis manos.
Cuando guarde el ave, allí estaba el, sentándose de rodillas a mi lado, me tomo totalmente desprevenida, mis pupilas se dilataron, y mi piel se sintió como si se quemara.

-Vanessa… Quiero que me mires. – Dios… no.


El subió mi rostro levantándolo por la barbilla.


-Vanessa, ¿me creerías si te digo, que se que piensas que anoche hice algo estúpido, pero en realidad no paso nada?

-Probablemente no.

-Pase la noche en casa de Drake, no fui a ninguna parte… solo, no quería incomodarte, esa es tu casa y… me comporte como un idiota, discúlpame, no paso nada en serio. Ayer me porte bien.

-Ayer…. Matt,- el alma me volvía al cuerpo aunque no del todo, pero la culpa se había ido- aunque no se si es cierto lo que dices, no importa, ¿bien? Es tu vida. Tu bien sabrás que hacer con ella. No necesito que me expliques donde pasas las noches, no quiero tener esos detalles y mucho menos tienes que mentirme.

-Pero es que no te miento – el se levanto ahora que yo lo hacia.

-Matt, cuando te convertí, necesitabas esconder quien eras, antes de conocerte yo tenia mi vida, y por mucho tiempo nada malo paso ¿Por qué crees que tú ahora eres un problema? – sonreí, tragando todo, cuando lo proponía podía mentir bien, y este truco no se lo había enseñado, no aun. Invertir los sentimientos dentro de ti.

-Bueno es que pensé, que estarías molesta y por eso me fui.

-Cuando te di la inmortalidad era porque estabas muriendo, y no podía permitirlo, merecías vivir Matt, no me debes nada, salvo mantener mi coche limpio y la casa ordenada porque no me gusta el desastre. – Ambos reímos – Y no es algo que pienso tolerar… del resto Matt ¡Matt disfruta tu vida! No creas que estoy contra ti por algo. Créeme los años que están por venir debes vivir lo más relajado que puedas o en serio, no vas a soportarlo.

-De acuerdo – el parecía inmutable, quieto.- ¿Quieres cenar algo hoy?

Arquee las cejas.

-Con tal no tenga carne y pueda hacerte vomitar como la vez pasada. Lo que quieras. – respondí.

-Bien. No me iré contigo en el auto. Pasare por la comida.

-Perfecto. Y creo que deberíamos volver, estamos a cinco minutos de terminar el descanso.


Bien, eso fue mejor de lo que hubiera podido actuar, pero siendo realistas los vampiros somos expertos en el arte de mentir, nadie podría hacerlo como nosotros, era una autodefensa cuando nuestro aliento no noqueaba a alguien para hacerle creer algo o nuestra mirada no lo hacia en su defecto. Mentíamos por necesidad si no queríamos terminar con una estaca en el pecho.

Cuando llegamos a la tienda y ya no estuvo a la vista, volví a invertir los sentimientos, venían nuevamente la culpa y la tristeza. Pero el hecho de que ahora arregláramos las cosas y pudiéramos convivir tranquilamente como personas civilizadas suavizo el espacio. Y todo parecía más liviano.

Ivana tenia algunas veces malas caras, otros días sonreía, durante todo el periodo que pase con la tortura, de las constantes salidas de Matt, pero se estaba poniendo cada vez peor, y lo que una vez fue dulce ahora era insoportablemente acida, al punto que quería preguntarle si le pasaba algo extraño y la mordió el mismo perro que se pudo haber chupado Matt ayer. A lo mejor había eclipse mental de humanos y recién convertidos, porque los vampiros viejos nos veíamos normal. Dios, merecía cambiarme el guardarropas, pensé en que si Matt haría compras, y el traería hoy la comida, la que no necesitábamos pero, allá el, iba a comprar algunas cosas para mi, pensé en invitar a Drake pero, eso era lo que necesitaba en la mañana una salida, sola, soledad, yo misma, sin absolutamente, Nadie.

Mis mejores tiempos de vampira.


Cuando el turno termino, no quise ni revisar a las cargas, me fui directamente en el auto al resto de las tiendas, en exhibición habían hermosos vestidos, me preguntaba si la cena del Domingo seria medio formal, revise entre mi monedero y encontré una tarjeta que de lo poco le había escuchado a Damián y visto fue un cartoncito. Allí estaba, Damián Russel. ¿Qué era él? Oh interesante, Arquitecto. Saque mi móvil, y marque con pausa los números y luego a esperar el tic… contesto a el tercer pitido.

“-Buenas noches- siempre tan respetuoso.

-Hola Damián. Es Vanessa…

-¡Vanessa! – Parecía encantado – Oh claro, ¿Cómo estas? ¡Que sorpresa! ¿Sucede algo?

-No, nada malo es solo que, disculpa ¿recuerdas la cena de tu padre, verdad? – el parecía haberse puesto serio.

-¿Vendrás, no es así?- reí.

-Claro, es por eso que llamo, no escuche muy bien, como seria, ¿Qué tan formal es?

-Oh, bueno, es una cena privada, no habrá bailes y toda la cosa como imaginaras… es formal, igualmente muy formal, pero es algo pequeño, ya sabes, el lugar no se presta para lanzar lo mejor de Londres. – era cierto.

-Ok, bueno, era para saber eso, gracias.

-De nada, y espero con ansias volver a verte.

-Igual. Buenas noches Damián.

Tic.”


Bueno, supongo que comprarme un vestido estaría muy bien, aun seguía frente la vidriera, eran lindos, dudaba que hubieran un Versace, Dolce & Gabanna, o quizás mis favoritos, como los CH. Entre viéndolos por encima, algunos eran lindos, claro, los vestidos ya no son tan exuberantes como en aquellas épocas, pero definitivamente, eran mas delicados, parecía que te cubriera el agua, eran diseños hermosos, esta era una buena parte de conocer tantos tiempos diferentes, ver la evolución de algunas cosas.

Pase por los estantes, una chica amable salió a atenderme, la tienda a pesar de parecer de clase, no parecía tener surtido vestidos de altos diseñadores, busque entre anaqueles hasta que ella se ofreció a ayudar, había cientos de vestidos y constaba de poco tiempo.


-¿Puedo ayudarte?

-Si, busco un vestido formal, para una cena de noche, muy muy formal, pero muy moderno, y que tenga lindo color, muy vivo o muy muy suave, esos dos.

-¿Algún diseñador en especial? – OK, las apariencias engañan, probablemente no los colocaban en exhibición por miedo a robo.

-Pues, de mis favoritos Versace y CH, si tienes alguno, creo que no me importaría pagar lo que fuera por él.

Sonrió.

Vi luz, y gloria tenían vestidos como los que quería usar desde hace y mucho. Como dijo Damián el lugar no se prestaba para usar ese tipo de vestidos tan elegantes. De vez en cuando de coctel claro esta pero. Esa noche sabia que era diferente. Las reuniones vampiras a diferencias de las humanas tenían algo exquisito que las diferenciaba.

-Creo que tengo algunas opciones. Pasa por acá por favor.

Caminamos entre una serie de vestidos, hasta que pasamos detrás de unas cortinas de seda y brocados. Tan delicadas como lo seria la mas cara tela que se pudiera conseguir en el pueblo, la tienda trataba bien a sus compradores pero solo hasta que hablaban de dinero abría las cortinas traseras mostrándoles los mejores vestidos, guardados en estantes blancos colgando, incluso había probadores en la misma tela, el salón era redondo y con mucho más espacio habían muebles rojos que contrastaban con el lugar y jarrones de rosas en cada cierta distancia de el circulo. El lugar era precioso. Lo mas seguro, era que usaban ese método para no herir a los otros que no podían pagar como por algo de esto.

-Bien, estos que tenemos son pocos, llegaron hace algunos días, no podemos pagar muchos así que pedimos pocos vestidos. Para poder tener de diferentes diseñadores a la vez. Tu solo échale un vistazo y si alguno te agrada, pruébalo.

La mujer que también traía un vestido corto con un cinturón muy muy fino, color tostado a la cintura, me miraba esperando mi elección, si ese era el uniforme, debía ser uno de los lugares mejor pagados del pueblo además de la tienda de antigüedades.

-Pues una cosa es que me guste y otra que me ajuste a la perfección. Déjame ver cual. Me gusto uno azul, pero no me veía en el, luego uno rosa que quedaba entallado en las piernas y luego caían capas transparentes del mismo tono dejando ver las piernas.

Pero, el indicado casi gritaba mi nombre. Lo saque y lo fui a probar de inmediato, el único que me probé en realidad.

Era negro, claro, venia como un corsé ajustado, pero se sostenía de una fina tira desde donde comenzaban la unión de mis brazos al cuerpo y quedaba totalmente invisible la conexión de ambas tiras en mi cuello. En medio del hermoso corpiño había un corte v, diría V por lo pronunciado que era dejando ver mis pechos detrás de una transparente y suave tela oscura como un café, pero sin parecer grotescos, debajo del busto y de una capa fina negra había un cinturón como los que sostienen los kimonos de un rojo vivido, un rojo sangre a pesar de la tela que caía por encima, y por fuera lo entallaba a la cintura una cinta negra en un lazo, presionando el vientre y dejando caer una cascada oscura de tela negra difuminada, no era un tono negro potente, era como el carboncillo al dibujar, un tono muy suave. Y por si eso no fuera poco, de cereza de pastel tenía mi pierna izquierda al aire por una prominente abertura de la falda. Me encantaba. Camine y gire a ver que tanto se veía solo para notar lo clara que era la falda también cuando al moverme dispersaba las capas que aunque ambas caían a la misma altura hasta el suelo hacían ver ese precioso efecto, y dejaba a entrever mis piernas.


Lo llevo.

El golpe del vestido lo valió. Además en mi cuenta bancaria no me haría un morete, tenia mucho, con que amortizar un golpe como ese y más, creo que años de ahorros en comidas y buenas inversiones daban mucho la pena.
Aun estaba claro y con lo que sabia que tardaba Matt en comprar cosas, especialmente comida que combinara, tenía tiempo para comprar algunas ropas casuales. Entre a una tienda deportiva, pero a decir verdad era poco lo que sabia de equipos que le gustaran a Matt, así que, si hubiera querido una camisa de un equipo en particular, la tendría que buscar por el mismo. Pase por otras tiendas y encontré un nuevo abrigo, dos camisetas y unos jeans, encontré los zapatos perfectos del vestido y unos pendientes, de ultimo ya para irme, al pasar por otra tienda vi una camisa que si bien mi vestido gritaba mi nombre, esta gritaba el de Matt.

Era entallada y roja mejor dicho escarlata, cuello v, y al maniquí que tenía un poco menos la proporción de Matt, le quedaba algo ajustada, mostrando los músculos que podía haber debajo, en Matt se debía ver, Wow, sin palabras. Sobre la camisa una… chaqueta negra, sexy… entre su cabello y sus ojos, pues, no le quedaría nada mal.
Revise el maniquí, y Dios, lo veía allí, la camisa se entallaba en los músculos. Su piel blanca, y sus ojos achocolatados, su cabello negro. Todo iba a verse perfecto en el. Creo que como regalo de paz, valía la pena.

Aunque en mí fuera para comenzar la guerra.

Lo lleve, revise mi reloj esperando no haberme sobrepasado del tiempo estimado. Parecía haber sido más pero solo me tomo dos horas, monte todo en el auto, me sentía nuevamente con sed, de camino sentía la necesidad de beber algo de sangre, veía los humanos y no podía quitarles la mirada del cuello, como palpitaba su vena, Dios, necesitaba un ave o una ardilla con urgencia no le iba a hincar el diente a un perro o un gato. Pase cerca de las barandas traseras del bosque, si los animalitos ya nos temían lo que podían hacer era irse lo mas atrás que pudieran. Salte la baranda cinco segundos nada más, delicioso, hubiera tomado otro pero estaba preocupada por el auto y mis inversiones, decidí volver, ya había oscurecido.

Maneje lo más lento que podía la carretera estaba húmeda, estaba comenzando a llover, lo ultimo que quería era que se mojara lo que recién había comprado. Estaba tardando un poco, el nervio me tenia atascada y comencé a morder una uña, para cuando me di cuenta lo que hacia ya la llevaba casi a la mitad. Constando que no tenía mucha. Al llegar a la casa estaba comenzando a llover con más fuerza, guarde el auto en el estacionamiento y tranque de golpe saliendo lo más rápido posible, corrí a velocidad vampiro, demonios, estaba cayendo lluvia como si se hubiera hecho una brecha en el cielo y derramara. Gracias a la velocidad solo fueron pequeñas gotas las que rozaron las bolsas.

“Matt” llame para que trajera una toalla y no mojar la casa, recién pase el umbral hubo un corto de luz y toda la cuadra quedo oscura. Eso no se veía bien, lo que vendría de lluvia seria peor. Quizás Matt se canso de esperarme y salió, genial, noche de paz, y tenia que venir a arruinarla. Pero su aroma estaba allí, lo podía oler en la casa.

Entonces me sorprendió.

Se encendieron unas velas en el suelo, quise matarlo si las velas caían a la alfombra nos incendiaríamos, pero solo para darme cuenta de lo que había hecho, una verdadera cena. Una con todo lo que una chica de este tiempo hubiera esperado.

-Sorpresa… - su sonrisa era radiante.

No pude evitar reírme, el estaba sentado medio extendiendo una pierna y apoyado en un brazo, la luz reflejaba sus ojos, los platos estaban en el suelo, vegetales, algunos mal cortados y podía apostar que mal cocinados, pero para nosotros no importaría. Había uvas y una pequeña fuente de chocolate blanco. Estaba loco.

-Interesante… - sonreí señalándole lo que había hecho.

-¿Así que, no te gusta?

-Pues, nunca había ido a una cena, así – reímos, mientras dejaba las bolsas en unos de los muebles cercanos a la puerta. – disculpa tarde porque sabia que ibas a necesitar tiempo extra – el sonrió.

-Gracias, los arreglos fueron de ultima hora, pero casi creí que no vendrías.

Mire alrededor, eso definitivamente no era una “casualidad”

-¿Tienes algo que ver con el corto de luz, verdad?

Ladeo la sonrisa y el rostro. Sip, fue el.

-De acuerdo, arréglalo cuando terminemos de cenar o estaremos en problemas.

Asintió. Saque mis zapatos y mi chaqueta colgándola en el perchero y fui hasta donde estaba todo.


-¿Y a que se debe, la increíble idea?

-Pues primero, porque, no pensé que se vería así, ya sabes, esto cuando era humano se veía lindo, pero con estos nuevos ojos, no me percate que casi no tendría nada de oscuro. Pero, la intención es lo que vale ¿no?

-Supongo - me deje caer acostada y me puse de lado para mirarlo – Pero aun no respondes.

-¿No puedo ser simplemente lindo contigo? – Arquee la ceja.

-Matt soy muy vieja para que creas que me trago tus trucos, aunque sean de este tiempo.

-Bueno, ya que matas lo seductor del ambiente, así es, es solo una cena en son de paz, mira, en verdad, puedo pelearme con todo el mundo pero, vamos, sabes que soy un idiota y si lo hago, pero contigo, no me gusta, dijiste que lo olvidara pero aunque soy hombre idiota y burro, como me dices – me miro y sonreí – aun tengo sentimientos – hizo un corazón chiquito en su pecho con los índices poniendo cara de pucherito. Reí a carcajadas – así que… discúlpame puse la mierda, y tienes razón, no debo meterme donde no me llaman, solo quiero que estemos bien me has ayudado más que nadie aun sin merecerlo, merezco estar como un maldito perro soportando afuera la lluvia aunque no me vaya a hacer nada… y aunque es tu casa aun con todas mis estupideces y pataletas no me has sacado de aquí. Y eso, preciosa, habla mucho de ti, y eso que eres vampira. Si fueras humana creo que serias Heidi.

-Eres un tarado – sonreí. – pero te quedo bien el detalle. Y no lo e hecho porque, soy, a pesar de todo, responsable de ti Matt Dale, y sinceramente aun no sabes algunas cosas y lo peligroso que puede ser que estés sin control, la prueba más dura aun te falta y es probar sangre humana, tenemos que ver como reaccionas después.

-Si supongo que, soy un mantenido.

Le di en el hombro.

-Idiota, claro que no, me ayudas a pagar las cuentas de luz, y pienso que no solo lo hiciste a propósito de la cena este corto – el rodo los ojos – vale – reí - vale, no te preocupes, no eres carga para mi, de hecho en todos mis años solitarios es bueno tener ruido en mi casa.

-Lo tomare en cuenta la próxima vez – guiño el ojo.

-¿Por cierto, que hay con la fuente de chocolate blanco?

-Ahhh te dije, ambiente seductor, además, estoy cansado de comerme las frutas solas.

-No te saben a nada.

-¡Igual! ¿Ves? Matas el ambiente preciosa…

-Burro… - sonreímos – por cierto te compre algo, en son de paz.

-¿Ropa interior? – alzo las cejas y abrió la boca.

-¿Te dije ya burro verdad? – sonrió y dio una carcajada.

-No me dejas terminar…no dije que fuera mía.


Dios, era imposible con él. Rodé los ojos mientras me levantaba y el se atragantaba de risa, se reía ronco lindo. El era un gran muchacho, lastima que definitivamente era imposible que estuviéramos juntos, demasiado diferentes como para llevarnos bien, ni la inmortalidad nos ayudaría a arreglar nuestros problemas matrimoniales. Aunque una noche de locura no nos caería mal y no tendría resultados extraños. Ok, olvida eso último. ¿Recuerdas? Te gusta el vino, no el agua.


-Bien, señor pervertido mental, - busque entre las bolsas- ten, lo vi en una tienda y pensé que te verías bien. Procura, usarla cuando haya un momento especial. La dañarías si las usas todo el tiempo el cuero es lindo pero reusado suena a bolsa plástica. Y ni sabes como huele.

-Oh oh Jo… linda… - la tomo cuando la lleve hasta el para volverme a sentar, no le quitaba los ojos de encima. - ¿Sabes con que se vería bien también mientras la uso?

-¿Con?

-Con el auto- me echo una mirada.

-Sueña…

Volvió a reírse mientras se colocaba la chaqueta.

-Matt se que eres medio estúpido además del resto, y que eres algo sordo, te dije que no la usaras aun.

-Me dijiste que la usara en un momento especial – Dios…. Como podía ser tan lindo, eso era una de las cosas que lo hacia tan atractivo. El era realmente astuto, y dulce a la vez. Una extraña combinación entre el peligro, y el romance. Sabias que terminaría en algún momento, mas rápido que el amanecer estar con el, pero aun así veías en sus ojos que estabas segura. Que podías confiar en que te protegería mientras tuviera los ojos en ti.

-No funciona Matt. –Sonreí.

-Diablos, es que soy muy obvio – guiño otra vez el ojo.

Comenzamos a comer, mientras hablábamos de algunos temas, el seguía con la chaqueta puesta, se veía como imagine que se le vería, tenia buena memoria fotográfica. Los temas variaban, algunas veces lo molestaba con las chicas y sinceramente ya no me dolía, éramos como amigos, hermanos. Entonces llegamos al tema, que realmente no quería tocar, fue la Hiroshima que destartalo nuestra amistad.

-¿Qué hay con Damián? ¿Si te gusta?

Asentí un poco. El doblo una comisura del labio como si la mordiera.

-¿Por qué me preguntas por el?

-Se, que quizás lo tomes a mal, pero, ¿Sabes cuando tienes un presentimiento extraño de alguien? Es la mala espina que tengo con ese tipo.

-Yo en realidad, creo que es porque sabes que a las mujeres les encantan los hombres extranjeros, y más si estos son educados y hermosos, además las humanas interesadas pesan sus bolsillos.

-No lo niego, es cierto, pero hay algo, que no me agrada de él, es cosa de hombres.

-Gracias, pero, en realidad créeme, no veo absolutamente nada malo en el, de verdad, se a portado como un caballero conmigo. Ni siquiera a intentado propasarse.

-¡Y es por eso que me preocupa! – Le eche una mala cara – oye, sinceramente, podemos venir en distintos idiomas pero los hombres tenemos un código ¡un código universal! Si la chica te gusta debes rodearla, si la chica te gusta aun más, ¡no debes acercarte a mas de metro de ella porque pensara mal y se ira antes! Después puedes hacerle lo que quieras cuando la tengas en la palma de tu mano. – lanzo al aire un pedazo de uva y la dejo encestar en la boca.

Arquee la ceja.

-¿Ese es uno de tus trucos? ¿Eso haces con las chicas? – el ladeo la cabeza de un lado a otro, era una forma de decir, “si, a veces” - pues… gracias, tienes muchos trucos, pero se te olvida que llevo muchos años más que tu, así que, no debes preocuparte por eso, e convivido con muchos hombres que me cortejaban, y me intentaron conquistar, casi se leerles los movimientos que hacen, algunos son demasiado obvios.

-Eso lo se.

-¿Y entonces?

-Que este Damián se las trae. En serio.

-Vamos, deja la envidia cariño. Además, es buen comprador, así que no puedo simplemente golpearlo y que se vaya.

-El solo va a comprar como un truco para que veas su linda cara mientras trama detrás de ella.

-No, va a comprar porque le llevaba regalos a su padre...

-Vanessa, que decepción, ¿En serio crees que era para su papa? Yo de verdad, te creía mucho más astuta.

-Matt, el recién llego de Londres y paso por la tienda a buscarle un regalo. Y luego por su cumpleaños.

-¿Y tuvo que ir precisamente a la tienda de antigüedades, buen lugar para buscar un regalo, ni un vampiro quiere un regalo antiguo, por lo menos yo no quisiera jeans de la década pasada, ¿Crees que un vampiro quiera algo del año quien sabe cual antes o después de Cristo?

-Pues el hombre cumplirá los 1000 años. Debería valer de algo comprarle una antigüedad.

-¿1000 años? ¿Quién es su papa?

-Russel…

Primero, fue labrado en piedra, después con los ojos como platos. Su rostro taladraba una cara extraña entre sospecha, miedo, y “te lo dije”.

-Vanessa…

-¿Qué pasa ahora Matt? En serio no quiero discutir contigo ¿Va?

-Vanessa, ¿Qué te compro Damián?

-Pues... – eso era extraño, tuve le presentimiento que había vendido algo para hacer algún tipo de conjuro – primero una pipa, y hoy, creo, que un barco.

Se quedo muy quieto mirándome y luego se lanzo de espaldas al piso muerto de la risa. En verdad, no paraba de reír y por un instante dude de su cordura. Quise noquearlo para que reaccionara, pero trago un pedazo grueso de zanahoria cuando volvía el ataque de risa, mientras lo sacaba comenzó a sentarse bien, si pudiéramos llorar el estaría secándose en este momento las lagrimas por el estallido de las risas.

-¡Hay Vanessa! Pobrecita ¡te mintieron de la peor manera!

-Matt. ¿Qué cosa rara te pica? ¡Hey es contigo deja de reírte mírame!

-¡Vanessa, Russel no querría absolutamente nada de eso! ¡Que mentira tan grande te dijo Damián!

-¡Que sabes tu de Russel, ni siquiera sabias que existía hasta que te lo dije en la consulta!

-¡Vanessa! ¡Ya conocía a Russel! ¡Dios! – seguía riéndose - Solo, que no sabia que el era un vampiro.

1 comentario:

  1. Waaaooo!!!... esta super espectacular todo... yo estoy de acuerdo con mi amor Matt!!!... hay algo podrido en ese cuento de Damián, pero bueno ya veremos... por favor Kath sigue subiendo capitulos nuevos!!!.... muero por saber lo que viene... Matt es tan lindo, Kath deberias regalarnos una fotico de el!!!.

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